Una luz fuga a lo lejano comienza a brillar, a pesar de la soledad, en tiempos difíciles siempre ha de estar. Destaca en el cielo, iluminado con destellos. Mi Estrella qué nunca me ha de abandonar
Cambiar fondo del poema
En el vasto cielo, distante y serena,
una luz fugaz comienza a brillar.
En la soledad, su paz me llena,
en días oscuros, siempre ha de estar.
Destellos dorados adornan su cara,
mi estrella eterna en la inmensidad;
constancia fiel que nunca me ampara,
luminoso faro de mi soledad.
Oh, estrella mía, que no has de partir,
en el infinito, mi guía y mi paz.
Tu luz, en la noche, me ayuda a seguir,
compañera fiel, nunca me dejarás.