Muere toda ternura en el tiempo de la vida,
como hojas que caen en la danza del viento,
se desvanecen susurros en la piel corrida
del reloj que avanza sin aliento.
Cada caricia en los pliegues del alma
se transforma en cenizas de recuerdos,
el tiempo afilado corta sin calma
las luces tenues de los días eternos.
Mas queda la esencia, no muere del todo,
las memorias susurran en la penumbra,
brotan las flores del nostálgico lodo,
y en cada lágrima, el amor deslumbra.