En la pantalla brilla un mundo extraño,
ojos de niño, inocencia que baña;
un suspiro corto, latido con daño,
curiosidad que la niñez empaña.
El erotismo, como fuego oculto,
enciende sombras en un rincón suave;
piensa que toca lo prohibido y culto,
sin comprender el abismo que cabe.
En su inocente mirada se asoma
el desconcierto y un vaivén de dudas;
fragilidad en la mente que toma,
imágenes que en su mente se anudan.
Sus ojos aún buscan la luz perdida,
en un mar de desenfreno y de espejos,
donde la pureza es casi aguerrida,
y el tiempo cose recuerdos añejos.