Generador Gratuito de Poemas con IA

Que es la felicidad no la conozco para mi siempre ha sido esquiva y sobre todo para esta época y fecha es cuando más se desaparece.Ocho estrofas

En el rincón del alma, la busco,  
la felicidad escurridiza,  
como un susurro que el viento embusca,  
siempre distante, se desliza.  

Por las sendas del tiempo vacías,  
en esta época incierta y fría,  
su risa se transforma en llovizna,  
un eco que nunca me fía.  

Diciembre lleva ropaje de sueños,  
promesas en frutos marchitos,  
la esperanza se viste de dueños  
con sombras de días malditos.  

No conozco su abrazo sincero,  
siempre juega a esconderse mi verso,  
se parece al horizonte entero,  
que crece cuanto más se ha disuelto.  

Como un espejismo en la arena,  
mi alma la busca sin tregua,  
pero escapa, huidiza y serena,  
tras los pilares de mi rueca.  

Cierro los ojos, deseo su abrazo,  
un canto suave, tan breve,  
más se oculta tras el ocaso,  
es una estrella que nunca llegue.  

A veces pienso que es ausencia,  
que vive en la magia perdida,  
un lenguaje sin la influencia,  
de este reloj de días frías.  

Sin embargo, sigo su rastro,  
por lunas y cielos abiertos,  
quizá un día se atreva a mi manto,  
y con su brillo me llene por dentro.

Cambiar fondo del poema

Por defecto: bluePor defecto: colorsPor defecto: gradientPor defecto: poolPor defecto: pyramidPor defecto: sandPor defecto: seaPor defecto: silhouettePor defecto: sun
En el rincón del alma, la busco, la felicidad escurridiza, como un susurro que el viento embusca, siempre distante, se desliza. Por las sendas del tiempo vacías, en esta época incierta y fría, su risa se transforma en llovizna, un eco que nunca me fía. Diciembre lleva ropaje de sueños, promesas en frutos marchitos, la esperanza se viste de dueños con sombras de días malditos. No conozco su abrazo sincero, siempre juega a esconderse mi verso, se parece al horizonte entero, que crece cuanto más se ha disuelto. Como un espejismo en la arena, mi alma la busca sin tregua, pero escapa, huidiza y serena, tras los pilares de mi rueca. Cierro los ojos, deseo su abrazo, un canto suave, tan breve, más se oculta tras el ocaso, es una estrella que nunca llegue. A veces pienso que es ausencia, que vive en la magia perdida, un lenguaje sin la influencia, de este reloj de días frías. Sin embargo, sigo su rastro, por lunas y cielos abiertos, quizá un día se atreva a mi manto, y con su brillo me llene por dentro.