Mi madre era la mejor y siempre lo será. Ya no está conmigo, pero siempre estará en mi corazón.
Cambiar fondo del poema
En el susurro del viento, la oigo cantar,
mi madre, estrella eterna, en su amor sin cesar.
Sus manos ausentes, aún marcan mi andar,
pues su esencia infinita, en mi pecho va a morar.
En cada flor que florece, veo su sonrisa,
en cada amanecer, siento su cálida brisa.
Aunque el tiempo nos separe con su paso errante,
en mi corazón siempre será mi guía brillante.
Sus cuentos y abrazos, en mi alma están vivos,
sus consejos dorados, siempre serán testigos.
Ella es mi raíz, mi fuerza, mi fe inmortal,
madre amada, por siempre, mi refugio celestial.