Erika Bedoya una mujer a la que no conozco en persona pero a mi manera de ver es muy sencilla, alegre y de personalidad humilde.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
Bajo un cielo de estrellas brillantes,
habita Erika, un nombre tan sencillo,
como la brisa que peina los campos,
alegría es su manto, humilde es su brillo.
No la he cruzado en caminos de tierra,
pero en mi mente su imagen danzante,
se viste de risas, de cantos y sueños,
su serena esencia, de paz caminante.
Erika es un río de alegre murmullo,
un sol que acaricia la piel con su fuego,
con suavidad canta historias sin trama,
y en su humildad hallo siempre sosiego.
Camina por sendas de llanos sencillos,
llevando en sus ojos estrellas fugaces,
con cada latido su amor ella pinta,
su vida es un cuadro de suaves contrastes.
Descalza de orgullo, camina ligera,
con pasos que dejan huellas transparentes,
su corazón es un campo de flores,
ofrenda sincera a los que están presentes.
La luz de su risa se escucha a distancia,
como un eco dulce que el alma despierta,
con generosidad entrega su esencia,
su humilde grandeza nuestra luz abierta.
Erika es la brisa en la tarde dorada,
su presencia silente se siente cercana,
aunque nunca he visto su rostro en persona,
en su sencillez halla mi alabanza.
Y así, en mis sueños, la veo danzando,
con los vientos del norte, del sur, del este,
en su nombre guardo un reflejo brillante,
de una mujer que el mundo merece.