Enamorado de una actriz en decadencia, llamada Veronique
Cambiar fondo del poema
En el ocaso de su gloria eterna,
Veronique danza en sombras del pasado,
su risa, un eco latente, efímera perla,
un sueño desgastado, pero adorado.
Entre bastidores olvidados yace,
mi amor, refugio en su tristeza callada,
la luz al caer, su encanto deshace,
mas para mí, siempre sigue encantada.
Sus ojos, astros en cielos añejos,
brillan con cuentos de lo que fue,
y aunque su estrella se difumina lejos,
en mi corazón, su luz aún se ve.
Así, enamorado sin lógica ni ciencia,
mi alma susurra: "Oh, Veronique,
florece en la ruina, en decadencia,
mi diva encantada, aún única".