Así, de un golpe, será arrojada hacia abajo Babilonia la gran ciudad, y nunca más se la volverá a ver. Nunca más se volverá a oír en ti el sonido de cantores tocando sus arpas ni el sonido de músicos, flautistas o trompetistas. Nunca más se volverá a ver en ti a ningún artesano de ningún oficio. Nunca más volverá a oírse en ti el sonido de la piedra de molino.Nunca más volverá a brillar en ti la luz de ninguna lámpara ni jamás volverá a oírse en ti la voz de un novio o de una novia. Porque tus comerciantes eran los magnates de la tierra y porque engañaste a todas las naciones con tus prácticas espiritistas.Así es, en ella se encontró la sangre de profetas, de santos y de todos los que han sido asesinados en la tierra.
Cambiar fondo del poema
Babilonia, caída silente,
de un golpe, la historia sentencia,
donde arpas y flautas callaron,
y la música perdió su cadencia.
Artesanos, en sombras, se fueron,
desaparece el molino en su giro,
ni lámparas ni novios esperan,
su amor yace ahora en el olvido.
Tus mercados, antaño gloriosos,
engañaron al mundo en su trance,
la sangre de profetas clama
por justicia, su último romance.
Así yace, dormida en el polvo,
Babilonia, la gran ciudad,
el eco desvanecido de su gloria
es un mito de eternidad.