En el rincón de la duda y la razón,
donde la lógica fría al espíritu doma,
habita un secreto, un susurro, un don:
la magia que vive donde la fe asoma.
El que cierra sus ojos y no ve el vuelo
del polvo estelar en la brisa de otoño,
pierde el encanto del tigre sin duelo,
del río que canta al dorado retoño.
Es en el asombro, en el canto y la flor,
donde se revela el hilo escondido;
y quien no cree, se pierde el fulgor
del milagro sutil en lo inadvertido.