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Es un hombre amargado no quisiera ser el y tampoco quisiera ser quienes el está buscando.Ocho estrofas

En la penumbra de un alma perdida,  
marcha un hombre con sombra en los pies,  
buscando el eco de voces heridas,  
que gritan su nombre en un triste vaivén.  

Cargado de amargas piezas rotas,  
con la saliva del rencor en la piel,  
teme el destino que ha tejido en gotas,  
y busca espejismos, ni ángel ni fiel.  

No quisiera ser él, quien llora en silencio,  
con lágrimas secas y corazón de papel,  
día tras día en un áspero cerco,  
donde la paz le es un mero cartel.  

Con ojos de piedra y manos de frío,  
persigue memorias, cenizas sin ver,  
jardines marchitos y un fatuo rocío,  
susurra a aquellos que ansía tener.  

Pero ¿quién, preguntamos, quisiera ser ellos,  
los buscados por sombras del amanecer?  
Sus vidas son libros de gélidos sellos,  
y hojas vacías que tiemblan sin fe.  

Nace una duda en el ciclo hiriente,  
de deseos truncados que el corazón delata,  
busca en el ocaso la paz incoherente,  
de un amor que al horror lo desata.  

En el alba el viento lleva su canto,  
repartiendo ecos de dolor y hiel,  
mas hallará sólo su propio quebranto,  
quien camina con pena, quien enfrenta su ser.  

La sombra se va, el hombre se queda,  
dibujando círculos en su edén desierto,  
y el tiempo le canta la amarga moneda,  
de su búsqueda eterna que siempre es incierta.

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En la penumbra de un alma perdida, marcha un hombre con sombra en los pies, buscando el eco de voces heridas, que gritan su nombre en un triste vaivén. Cargado de amargas piezas rotas, con la saliva del rencor en la piel, teme el destino que ha tejido en gotas, y busca espejismos, ni ángel ni fiel. No quisiera ser él, quien llora en silencio, con lágrimas secas y corazón de papel, día tras día en un áspero cerco, donde la paz le es un mero cartel. Con ojos de piedra y manos de frío, persigue memorias, cenizas sin ver, jardines marchitos y un fatuo rocío, susurra a aquellos que ansía tener. Pero ¿quién, preguntamos, quisiera ser ellos, los buscados por sombras del amanecer? Sus vidas son libros de gélidos sellos, y hojas vacías que tiemblan sin fe. Nace una duda en el ciclo hiriente, de deseos truncados que el corazón delata, busca en el ocaso la paz incoherente, de un amor que al horror lo desata. En el alba el viento lleva su canto, repartiendo ecos de dolor y hiel, mas hallará sólo su propio quebranto, quien camina con pena, quien enfrenta su ser. La sombra se va, el hombre se queda, dibujando círculos en su edén desierto, y el tiempo le canta la amarga moneda, de su búsqueda eterna que siempre es incierta.