Tristeza del alma que muchas veces no encuentro las palabras adecuadas para expresar lo que mi alma siente.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En el rincón sombrío de mi pecho,
brotan silencios que nadie comprende,
tristeza vaga como un nube en despecho,
un grito ahogado que el viento desprende.
En mares de sombra mi alma se sumerge,
pesares inciertos dibujan mi calma,
y en la profundidad, el silencio emerge,
recorriendo las grietas frágiles de mi alma.
Las palabras se escapan, huyen cobardes,
dejando un vacío inmenso e insondable,
en donde mis sueños, antaño tan grandes,
se vuelven susurros quebrados, inestables.
Ese pesar sin nombre reposa callado,
tejido en las fibras de un alma cansada,
que busca en la noche, velado y errado,
una voz que entienda su triste balada.
¿Cómo explicar lo que rompe y no mata,
lo que se aferra sin rostro ni cuerpo?
Acaso, al volar, le quite su corbata,
y en un suspiro declare un acuerdo.
El alma doliente, en ecos dispersos,
parece llorar sin saber lo que llora,
y mientras lo intenta, se quiebra en mil versos,
sin hallar consuelo, reseca en su aurora.
La luna comparte su pálida sombra,
dibuja en mi pecho sus largos abismos,
y el alma, tan sola, al viento nombra
sus penas calladas, sus íntimos sismos.
Y así yo camino, sin rumbo y sin tregua,
bajo cielos mudos que observan, dolientes,
tratando de hallar, en mi oscura lengua,
las palabras que alivien las almas ausentes.