En la madrugada fría y callada,
un sollozo se alza en la oscuridad;
las estrellas esconden su mirada,
mientras el llanto desgarra la paz.
Las sombras llevan abrazos amargos,
las paredes escuchan con pesar;
en cada lágrima suena un letargo,
quebrando el silencio del despertar.
Un río de penas cruza el espacio,
surcando las horas del insomnio fiel;
y aunque el alba promete su abrazo,
el llanto es el eco de un amanecer.