Falleció mí hija de 30 años. Por una enfermedad, muy querida divertida buena amiga excelente herman
Cambiar fondo del poema
En el susurro del viento, su risa aún florece,
treinta velas se apagan, pero su luz no se desvanece.
Amiga del alma, hermana en la risa y el llanto,
en el silencio su esencia, en el corazón su canto.
La enfermedad jamás pudo robar su sonrisa,
ni borrar el calor de su bondad, tan precisa.
Hoy el cielo la abraza, nueva estrella en el firmamento,
pero aquí, entre nosotros, vive en cada recuerdo.