En un plato de hojas de plátano, un festín de sabores se despliega. Costillas de cerdo fritas, crujientes y doradas, yuca hervida, suave y blanca.Y en un cuenco de barro, una leche fresca y cremosa, que completa esta delicia, un regalo de la tierra.En esta simple comida, se encuentra la magia de lo cotidiano, los sabores que nos conectan con la vida y sus regalos.La carne del cerdo, la yuca de la tierra, la leche de la vaca, todos ellos tesoros que nos brinda la naturaleza.Así que celebremos esta magia, esta simpleza que nos llena de alegría, y agradezcamos a la vida por estos pequeños milagros.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En hojas verdes de plátano se extiende,
un festín de sabores que al alma prende.
Costillas doradas crujen en su sazón,
un canto de yuca, blanca de corazón.
De barro el cuenco, donde la leche canta,
fresca y cremosa, un deleite que encanta.
Toda esta delicia, regalo al paladar,
compone la tierra, su magia singular.
La carne del cerdo, manjar terrenal,
se funde en la yuca, abrazo maternal.
Cada sabor une el hilo invisible,
de vida sencilla, conexión indescriptible.
Le agradezco al campo, al árbol generoso,
a la vaca noble, a la vida, su gozo.
Pequeños milagros en un mundo agitado,
esencia de simpleza que nos ha conectado.
Brindemos por la magia en lo cotidiano,
por las manos que nutren con amor humano.
Que esta comida, sencilla y sincera,
llene nuestros días de luz verdadera.
Celebremos así en este ritual,
la danza de sabores, canto esencial.
Por los tesoros de la tierra fecunda,
que en nuestra alma dejan huella profunda.