En la cotidianidad está la esencia de muchas cosas y de paso de la vida, del amor.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En la brisa suave del amanecer,
se siente el susurro del día que nace,
en la rutina del café por beber,
se esconde el latido que nunca desfallece.
La esencia se halla en las flores del parque,
en las pisadas que surcan la acera,
cada mirada, cual arte en un marco,
en su sencillez, la vida sincera.
En el autobús que traza caminos,
entre rostros que cuentan historias,
el amor se viste de roces divinos,
en sonrisas que encienden memorias.
En la cocina, donde aromas florecen,
el fuego calienta corazones heridos,
las recetas de antaño reviven y crecen,
alimentando el amor compartido.
La lluvia que besa la piel sin premura,
el abrazo que cubre las noches en calma,
la rutina se vuelve canción y ternura,
un poema que late desde el alma.
En cada gesto que pasa desapercibido,
se esconde el universo de lo esencial,
en la charla nocturna, discurso fluido,
se encuentran las claves del amor abismal.
Las sombras del día, pretexto constante,
ofrecen refugio al cansancio presente,
y en el fiel murmullo del río distante,
descansa el amor, su musa latente.
Así, en el día a día, la vida se amasa,
con hilos de tiempo y sueños dispersos,
y en la sencillez que nunca fracasa,
brotan historias, cual versos inmensos.