Bajo el cielo estrellado,
en la playa moraga,
surge una risa,
una chispa que halaga.
Amistad que se teje
con el fuego y la brisa,
sin palabras floridas,
sólo el calor se precisa.
El mar acompaña
con su canto sereno,
y cada mirada
sella un lazo eterno.
No es amor empalagoso,
ni palabras vacías,
es la fuerza sincera
que en la noche nos guía.