No me molesta que la gente hable mal de mi, normalmente los perros ladran cuando no conocen a la gente.
Cambiar fondo del poema
En la sombra de rumores, me amparo,
pues las palabras, como viento, se deshacen;
los perros ladran a lo que desconocen,
sin conocer el alma, solo el paso.
No me inquieta el eco de voces perdidas,
como un río que fluye y no se quiere estancar;
soy el caminante que sigue adelante,
sin detenerse en la oscura barahúnda.
Que hable el mundo, que resuene su canto
en la sinfonía de lenguas y ladridos;
mi paz es el camino, firme y seguro,
y mi verdad, la brújula que no desvía.