te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esta será mi dote
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Bajo tu ventana, amor, verás,
mi humilde ofrenda, mis días sin fin,
pues en la pobreza me has de hallar,
sin tesoros, sin oro ni jardín.
En la lluvia mi sustento buscaré,
y en el viento susurros de amor,
cien días, mi sol, te esperaré,
sin más abrigo que mi fervor.
Este sacrificio es mi dote fiel,
mis noches estrelladas, mi amanecer,
pues te he amado toda la vida,
y en mi entrega puro ha de ser.