Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento
Cambiar fondo del poema
Así pasaron las horas y los días,
el pretendiente fiel sin desvaríos,
aferrado al amor y a los desafíos,
frente al palacio, en su entrega sin vías.
Bajo el sol abrasante su figura,
los vientos cantaron su firmeza,
la nieve un manto y una pureza,
las noches heladas su armadura.
Con la vista clavada en el balcón,
la esperanza tejió su constancia,
no conoció el cansancio, ni la distancia,
enamorado de su dulce canción.
Valiente súbdito de un amor sincero,
firme en su empeño, sin darse lugar,
su corazón latió como un aguacero,
aguardando el instante de amar.