En el susurro del tiempo fugaz,guardo un abrazo que nunca llegó,un beso en el aire, un sueño voraz,con el alba que la noche robó.Mis esperanzas, río desbordado,se pierden por un desagüe cruel,y en mi pecho late el desamparadoanhelo de un castigo que es fiel.Si algo tengo claro antes de partir,es que mi deseo no habrá de morir.|Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En el susurro del tiempo fugaz,
un eco de amor nunca pronunciado,
guardo un abrazo que nunca llegó,
un dulce beso en el aire viajado.
Un sueño voraz, como llama etérea,
consume mi alma en su danza febril,
con el alba que la noche robó,
deja solo el vacío sutil.
Mis esperanzas, río desbordado,
corren libres en un desagüe cruel,
como estrellas por el cielo esparcidas,
vislumbran verdades que nunca se ven.
Y en mi pecho late el desamparado
anhelo que es un castigo fiel,
como sombras que la luz ha olvidado,
susurra promesas de amor sin cartel.
Un murmullo de tiempos perdidos
se cuela en el viento que quiere partir,
dibujando en el aire caminos
hacia sueños que no han de morir.
Si algo tengo claro antes de partir,
es que mi deseo no habrá de morir,
como un eco que se niega a ceder,
habita en mí, pulsando por ser.
Buscaré en lo etéreo y en lo distante,
el reflejo de un amor que no fue,
pues me niego a dejarlo marchar,
será mi luz cuando el día se apague.
Y aunque la noche reclame sus sueños,
mi espíritu, ardiente, persiste a seguir,
con los murmullos del tiempo fugaz,
mi deseo, eterno, promete vivir.