En el rincón secreto del alma,
donde el amor canta sin razón,
una mirada cálida se derrama,
como suave verso en mi corazón.
Sus ojos, faros en la noche oscura,
iluminan senderos olvidados,
y en su fulgor, toda amargura
se vuelve polvo en sueños dorados.
Las horas pasan, mas el tiempo calla,
pues en su presencia todo es eterno;
en su mirada, el corazón estalla,
y danza mi ser en su cielo interno.
Éramos dos mares sin rumbo claro,
y con su brillo mi norte forjó;
en su mirada hallé mi faro,
donde amor y paz un hogar creó.
La luna se apaga de celos llenos
al ver el fulgor que emana su ser;
y a su calor, mis días pequeños
se vuelven estrellas al renacer.
En su abrazo, silencios son coro,
pues hablan los ojos que saben amar;
todo dolor se borra, y adoro
ese instante eterno en que puedo soñar.
Hoy quiero plasmar en versos sencillos
la danza perfecta de su mirar,
que entre miradas siembra los brillos
de un amor que el tiempo no puede borrar.
Así mi alma en sus ojos florece,
y todo mi ser se torna canción;
mirada cálida que me estremece,
farol del amante, dueño del corazón.