Hoy me gustaría confesar mi mayor tormento,
la sombra que habita en mi pensamiento.
Es un eco lento y constante,
un susurro ardiente, un latido distante.
Es el tiempo que se escapa de mis dedos,
el miedo al olvido y a los falsos credos.
Es la noche sin estrellas ni luna,
el silencio profundo bajo una duna.
Es el deseo de volar sin alas,
las palabras que quedaron mudas y malas.
Es enfrentarme a mí mismo en el espejo,
buscar consuelo en un verso perplejo.
Hoy confieso mi tormento sin disfraz,
un secreto que en mi pecho yace audaz.
Y al decirlo, aunque aún me aprieta,
libero el alma, aunque sea por letra.