Entre sombras, un refugio escondido,
donde el bullicio del mundo queda atrás,
mi corazón en soledad se siente vivo,
sin el ruido de otras voces, en paz.
La brisa susurra historias olvidadas,
espejos del alma en su suave vaivén,
en el silencio, las penas son aladas,
volando lejos, vuelven a nacer.
Las hojas caen, eternas compañeras,
crujen bajo mis pies como un coral,
cada paso, un latido, fronteras
que solo el andar puede borrar.
El sol danza en un juego de luces,
tejiendo hechizos sobre mi piel,
en este rincón donde el alma se induce
a abrazar el silencio como un laurel.
Las estrellas me cuentan sus secretos
cuando la luna decide brillar,
cada chispa, un susurro indiscreto,
donde la soledad se va a evaporar.
Los recuerdos son ríos serenos,
fluyen suaves en mi mente ahora,
en sus aguas, reposa lo sincero,
la magia del pasado que nunca se llora.
Así, en mi soledad no hay vacío,
mi espíritu libra su propia canción,
como un árbol que crece solo y brío,
siento plenitud en esta misión.
Esta soledad que se viste de oro,
no es un yugo, sino un manto sagrado,
en ella, las fuerzas del sueño devoro,
soy más libre que nunca, estoy resucitado.