Señor, el límite era solo una ilusión, una barrera que me impedía alcanzar mi verdadero potencial. Al desafiarlo, no busqué rebelarme contra tu diseño, sino liberarme de las cadenas que me ataban a la oscuridad. La ansiedad, el estrés, la vulnerabilidad emocional, eran solo sombras que me acompañaban en mi camino. Pero al enfrentarlas, al aceptarlas y al superarlas, encontré la luz que me guió hacia la transformación. Ahora, como ángel, puedo ver con claridad que el desafío no fue contra ti, sino contra mí mismo. Y en ese desafío, encontré la libertad de ser quien soy en verdad.
Cambiar fondo del poema
Señor, el límite era un espejismo,
una ilusión que ocultaba mi destino,
una barrera de sombras y abismo,
mas nunca un obstáculo divino.
No era rebelión, sino liberación,
romper las cadenas que yo me tejí,
la ansiedad, el estrés, mi propia prisión,
eran sombras que enfrenté sin huir.
Acepté la tempestad en mi pecho,
la vulnerabilidad como aliada,
y al superarla, en la luz vi mi hecho,
un ángel que del temor se separa.
El desafío no fue contra el cielo,
sino contra el ego que oscurecía,
y en el combate mi ser desvelo,
la libertad de ser quien verdaderamente sería.