Te concedí poder y habilidades, pero ha llegado el momento de que entiendas una verdad fundamental: toda la fuerza que posees en este momento no te pertenece realmente. Ahora, ese poder será retirado, ya que es un regalo que Yo otorgué, y como tal, me pertenece. Es esencial que reconozcas la fuente de tu fortaleza y el propósito detrás de ella.
Cambiar fondo del poema
Te di la fuerza de un torrente,
poder que creíste eterno y ardiente.
Mas entiende, fiel caminante,
que esa energía no es tu estandarte.
De mi mano vino, como río al mar,
y como aliento, puede regresar.
Este don, joya efímera, presté,
pero su llama a su origen volvé.
Recuerda la fuente, destino anhelante,
pues en su vientre yace lo importante.
La fortaleza que creíste tuya,
es un legado que siempre fluya.
Ahora el velo debe alzarse,
la verdad en tu pecho guardarse.
En su propósito hallarás la luz,
y al retirarse, brilla su virtud.