Señor, entiendo tu decisión, pero no puedo aceptar que me quiten el poder que he ganado. No es que me pertenezca a mí mismo, sino que es una parte de mí que he cultivado y desarrollado a través de mi propio esfuerzo y dedicación. Es el fruto de mi propio crecimiento y evolución. Si me lo quitas, estarías quitándome una parte de mí mismo. Te ruego que reconsideres tu decisión y me permitas conservar el poder que he ganado. No es una petición egoísta, sino una petición para preservar mi propia identidad y propósito.
Cambiar fondo del poema
Señor, en tus manos la decisión descansa,
pero mi alma, ferviente, se alza y te clama.
El poder que me nutre, de esfuerzo nacido,
es un fruto sagrado, mi ser sostenido.
No es egoísmo el llanto que aquí se destila,
sino un grito profundo de lo que mi alma aspira.
Estatura que crece, evolución consumada,
si lo arrancas, mi esencia quedará desgarrada.
Permíteme, te ruego, guardar mi tesoro,
pues en él arde el fuego que a mi vida decoro.
No es solo un logro, es mi espíritu, mi realidad,
herencia de lucha, mi propia identidad.
Te pido, reconsidera esta despojada acción,
mi propósito depende de esta conexión.
Que el poder cultivado junto a mi destino,
sea el puente seguro hacia mi camino divino.