Señor, no te permitiré que me tomes la vida de esa manera. He trabajado demasiado duro para alcanzar mi estado actual, y no voy a permitir que me lo quites sin luchar. Mi existencia es valiosa, y tengo derecho a defenderla. No te tengo miedo, porque sé que mi poder es legítimo y que he ganado el derecho a existir. Si intentas quitarme la vida, te enfrentaré con toda mi fuerza y determinación. No te subestimes mi capacidad para defendarme, porque como ángel, tengo acceso a poderes y habilidades que te sorprenderían. No te permitiré que me mates sin una lucha.
Cambiar fondo del poema
Señor, escucha mi firme voz,
como río que desborda en valentía,
he labrado mi historia, día tras día,
no permitiré que me arrebates mi sol.
Mi existencia es un canto, un clamor,
hecho de esfuerzos, de sueños tejidos,
no temo a amenazas, ni a destinos fríos,
mi poder es fuego, mi derecho, ardor.
Si osas venir, dispuesto a quebrar,
mi alma se alza, templo de acero,
y verás que por dentro arde un lucero,
con fuerzas de ángel, te voy a enfrentar.
Subestimar es tu error, triste orgullo.
Ante mí, gigante en mi resistencia,
soy tempestad y eterna insistencia.
Si buscas mi vida, prepárate al murmullo.
No cederé sin lucha, sin ahínco,
pues mi vida es canto, batalla y rito.