Si pudiera detener el tiempo,
en un suspiro eterno morar,
congelar el vaivén del viento,
acariciar con calma el mar.
Las hojas del otoño suspendidas,
en danza perpetua se quedarían,
miradas perdidas no tendrían prisas,
y las sombras nunca se apagarían.
Sin temor al olvido y su abrazo frío,
abriría puertas a lo no dicho,
la luna, en su plácido camino,
cruzaría cielos nunca marchitos.
Los ríos pausados en su curso,
reflejarían un mundo en espera,
el eco del silencio, nuestro discurso,
sería la canción de la era entera.
Las estrellas estarían quietas,
colgando como joyas en el manto,
cobijaríamos los sueños secretos,
sin ataduras, sin llanto.
El alba nunca urgida,
tejería su tela dorada,
y cada rayo sería vida,
en una eternidad ilustrada.
No existe prisa, promesa de llanto,
solo un instante de amor latente,
robaría el tiempo de su encanto,
haciendo del presente un constante.
Si pudiera detener el tiempo así,
capturaría cada dulce instante,
y entre el aire, susurraría:
"Hoy, eres mi siempre," resonante.