En el ocaso, el sol se despide,tiñendo el cielo de tonos de rubí.La luna, cual perla en la noche,asciende, serena, sobre el confín.Las estrellas, luceros brillantes,testigos de un amor que va a nacer.En la penumbra, nuestros corazones,se unen, almas que se quieren conocer.Deja que la luna nos ilumine,con su manto plateado y celestial.Deja que la noche sea testigo,de este amor que surge, puro y real.En el silencio de la noche estrellada,nuestros labios se funden en un beso.Dos almas que se aman con pasión,bajo el amparo de la luna y su embeleso.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En el ocaso, el sol se despide,
tiñendo el cielo de tonos de rubí.
La luna, cual perla en la noche,
asciende, serena, sobre el confín.
Las estrellas, luceros brillantes,
testigos de un amor que va a nacer.
En la penumbra, nuestros corazones,
se unen, almas que se quieren conocer.
Deja que la luna nos ilumine,
con su manto plateado y celestial.
Deja que la noche sea testigo,
de este amor que surge, puro y real.
En el silencio de la noche estrellada,
nuestros labios se funden en un beso.
Dos almas que se aman con pasión,
bajo el amparo de la luna y su embeleso.