Aprecia cada segundo que pases con tu madre mientras esté contigo.
Cambiar fondo del poema
En el fresco del amanecer, su luz se desliza,
cada arruga que ríe, cada instante que abraza.
El reloj murmura y el tiempo no avisa,
pero sus manos firmes detienen la taza.
Aprecia el susurro de su sabiduría latente,
la brisa de su voz que acaricia lo eterno,
en cada segundo, su amor resplandeciente,
es faro en la noche, el más dulce invierno.
Cuando la tarde se tiñe de púrpura suave,
mira a los ojos que guardan tus días,
guarda en tu alma la dicha que sabe
que su presencia es la eterna melodía.