En el jardín del tiempo a solas,
surcamos vidas, dos corolas,
crecieron años como olas,
hasta el ocaso, donde el alma aflora.
Bajo cielos de luna infinita,
memorias tejidas, es nuestra cita,
cada arruga un verso, escrita,
el amor, eterno junco que palpita.
Caminamos senderos de remembranza,
los otoños pintan nuestra estanza,
blando susurro, nuestra danza,
de viejitos, en amor, una alianza.
Los días se vuelven ríos de plata,
en el espejo, el tiempo nos delata,
pero el corazón, en su sonata,
canta firme, y nunca se desata.
En la tormenta, nos cuidaremos,
cual robles fuertes, no caeremos,
con manos entrelazadas, soñaremos,
hasta el fin del mundo, siempre amaremos.
Nos mece el viento en su rumor,
calor hallamos en el albor,
pues la vejez es un esplendor,
una sabiduría que huele a flor.
En la claridad del atardecer,
tus ojos brillan, puedo ver
un destino que he de tejer,
hasta viejitos, no hay que temer.
La luna saldrá, el sol partirá,
mas este amor siempre quedará,
eterno en la piel se grabará,
hasta el último suspiro, voz callará.