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¡ Ay corazón! ¡Como duele! Y sobre todo reconocer que difícilmente se recupera lo que se pierde, o soñar con lo que nunca se ha tenidoOcho estrofas

¡Ay, corazón! cómo duele,  
en noches de luna fría,  
cuando el susurro resuena  
con ecos de melancolía.

Perdida queda la rosa,  
marchita en la brisa suave,  
y el tiempo que se derrama  
marchita en silencio su clave.

Aquel anhelo remoto,  
inmortal, casi un engaño,  
de los sueños que se esquivan,  
como el oro en manos de un niño.

Ríos de lágrimas puras,  
cantan al viento su pena,  
al amor que se escabulle  
como fugitiva estrella.

Buscar entre las sombras  
fragmentos del alma rota,  
pero en las noches profundas  
sólo la soledad flota.

En el horizonte, un sueño,  
hecho de etérea materia,  
se alza como vaporoso  
hasta perder la memoria.

El destino, cruel hechicero,  
que roba y que no devuelve,  
y entre sus manos se escapa  
la esperanza que se disuelve.

¡Ay, corazón, cuán frágil, cuán leve,  
tus latidos como lamento!  
Porque lo que nunca fue parte  
late en el sutil firmamento.

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¡Ay, corazón! cómo duele, en noches de luna fría, cuando el susurro resuena con ecos de melancolía. Perdida queda la rosa, marchita en la brisa suave, y el tiempo que se derrama marchita en silencio su clave. Aquel anhelo remoto, inmortal, casi un engaño, de los sueños que se esquivan, como el oro en manos de un niño. Ríos de lágrimas puras, cantan al viento su pena, al amor que se escabulle como fugitiva estrella. Buscar entre las sombras fragmentos del alma rota, pero en las noches profundas sólo la soledad flota. En el horizonte, un sueño, hecho de etérea materia, se alza como vaporoso hasta perder la memoria. El destino, cruel hechicero, que roba y que no devuelve, y entre sus manos se escapa la esperanza que se disuelve. ¡Ay, corazón, cuán frágil, cuán leve, tus latidos como lamento! Porque lo que nunca fue parte late en el sutil firmamento.