En el vaivén de un beso errante,
tu boca es campana en silencio,
columpio de ansias vibrantes,
sabor a sueños e incienso.
Navegan caricias de viento,
tan dulces como un suspiro,
donde el tiempo se detiene lento
y el alma encuentra su giro.
Labios que rozan cielos,
con secretos guardados en eco,
tiemblan en sus tiernos anhelos,
despertando un deseo fresco.
Ese columpio de amor sin fin,
se mece sobre un abismo,
entre la duda y el confín,
hogar de nuestro mutuo hechizo.
Tus besos, auroras tempranas,
iluminan mi senda oscura,
con chispas de joyas humanas,
perfume que nunca se apura.
En cada columpio, un mundo
de frases que no se han dicho,
de baladas que desgarran lo profundo,
en el corazón, rico capricho.
Por tus labios, río de brisas,
quedo embriagado de destino,
entre tus palabras precisas,
el amor encuentra su camino.
Así me pierdo y me hallo,
besos columpiados en tu boca,
se queda mi alma en su caballo,
bailando en pasión que no evoca.