A veces la soledad se convierte en nuestro refugio, nuestro lugar favorito. Entonces,lejos del mundanal ruido llegan en bandadas los recuerdos, añoranzas,reflexiones, autoanálisis y críticas:¿cómo va nuestro paso por la vida? ¿hemos dejado huellas o cicatrices? ¿por qué hice esto o aquello?¿ por qué no lo hice?Todo eso y más nos preguntamos a solas cuando nadie nos ve,donde sabemos que nadie puede llegar sin permiso: nuestros pensamientos.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En el rincón callado de mi ser,
donde el tiempo suspira y se desvela,
la soledad me envuelve, dulce ardid,
es mi refugio, mi hogar, mi candela.
Allí las voces del mundo se apagan,
llegan recuerdos en suave bandada,
añoranzas que pintan en silencio
historias de mi alma, desvelada.
Reflexiono ante el espejo del alma,
¿qué huellas he dejado en este andar?
Surgen preguntas que clavan sus garras,
¿cicatrices o flores al pasar?
¿Por qué tomé la senda de lo incierto,
por qué, a veces, el miedo me venció?
Las sombras se disipan lentamente,
y la verdad, desnuda, me abrazó.
En el refugio de mis pensamientos
la vida en juicio constante se halla,
donde nadie puede llegar sin permiso:
la calma murmura y el miedo calla.
Aquí, entre susurros de la nada,
encuentro la paz que tanto anhelé,
y entre la soledad bien armada,
descubro cuánto de mí, aún no sé.
La soledad no es un desierto infértil,
es mi edén donde el alma se perfila,
espejo donde mi ser se revela,
y mi verdad, sin máscaras, destila.
Cuando el ruido del mundo se termina,
y el viento es apenas un suspiro,
en soledad navego mi destino,
y en su abrigo, me encuentro y me inspiro.