Cale, Cale...Esos labios podridos dicen mi nombre mientras yo me escondo debajo de mi cama, tratando de que no me encuentre. Sus pisadas resuenan en mis oídos. Mi cuerpo está calmado, mi alma está quieta, mientras veo el cadáver de mi madre alumbrado por la luna llena. Las cortinas se mueven lentamente. El aliento sale de mi boca. El olor a podrido se perfuma en el aire mientras veo caer una y otra vez la sangre de mi madre del colmillo de aquella bestia. Hace frío; me siento como un cadáver. Ya veo mi destino frente a mis ojos porque veo aquella bestia al lado de mi hombro. Su aliento se acerca y una voz sale de su garganta ahogada en sangre. —No huyas, porque puedo oler tu miedo. No corras porque te quitaré el pellejo. Y no grites porque ya te estoy viendo. ... —Hija, ¿eres tú? Papá llegó de su trabajo, me abrazó y me levantó entre sus brazos. Mamá llegó y gritó de alegría... La noche llegó y madre cayó muerta al suelo cuando las luces se apagaron. Papá no estaba y yo, asustada, me metí en la cama de mi hermana. Ya saben el resto de la historia. No lo odien, por favor, porque aquel día fue mi padre quien me mató
Cambiar fondo del poema
Cale, Cale... susurra el viento,
tras las sombras donde me encuentro,
labios podridos dicen mi nombre,
pero en mi rincón hallo aliento.
Sus pasos retumban en mis sueños,
mi cuerpo quieto, mi alma en duelo,
la luna ilumina el triste escenario,
el cadáver materno, un cruel espejo.
Cortinas susurran secretos fríos,
el aire espeso, perfume de miedo,
la sangre gotea, macabro rocío,
en el colmillo de un oscuro dueño.
Frío abrazo me rodea silente,
mi destino acecha, sombra presente,
el aliento ominoso cercano resuena,
"No huyas", la voz se desliza hiriente.
Pero entonces, un abrazo que abriga,
papá regresa, su voz me bendiga,
mamá sonríe, la dicha a mi vera,
más la noche oscura truena la espera.
Madre al suelo, el silencio impera,
padre ausente, la historia es entera,
en mi cama tiemblo, la verdad despierta,
aquel día oscuro, su amor me enferma.
Padre queriendo ser quien me cuida,
fue su sombra quien mi sueño anida,
no lo odien, ruego yo callada,
pues en su abrazo, fui su víctima amada.