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A menudo los hijos se nos parecenY así nos dan la primera satisfacciónEsos que se menean con nuestros gestosEchando mano a cuanto cae a su alrededorEsos locos bajitos que se incorporanCon los ojos abiertos de par en parSin respeto al horario ni a las costumbresY a los que, por su bien, dicen que hay que domesticarNiñoDeja ya de joder con la pelotaNiñoQue eso no se diceQue eso no se haceQue eso no se toca

En el reflejo de sus ojos claros,  
los hijos se nos parecen,  
pequeños espejos de nuestros pasos,  
ofrendas vivas de una satisfacción.

Con gestos de viento, juguetones,  
alcanzan el mundo con manos veloces,  
mareas de sueños a la orilla del hogar,  
sin mirar horarios ni normas viejas.

Pequeños rebeldes de risa eléctrica,  
les decimos que callen, que frenen,  
domesticar, dicen, sus alas aladas,  
¡niño, deja ya de joder con la pelota!

Mas en sus travesuras fugaces  
florecen canciones nunca escritas,  
y en cada "no" que les susurramos,  
silencian locuras que ansían volar.

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En el reflejo de sus ojos claros, los hijos se nos parecen, pequeños espejos de nuestros pasos, ofrendas vivas de una satisfacción. Con gestos de viento, juguetones, alcanzan el mundo con manos veloces, mareas de sueños a la orilla del hogar, sin mirar horarios ni normas viejas. Pequeños rebeldes de risa eléctrica, les decimos que callen, que frenen, domesticar, dicen, sus alas aladas, ¡niño, deja ya de joder con la pelota! Mas en sus travesuras fugaces florecen canciones nunca escritas, y en cada "no" que les susurramos, silencian locuras que ansían volar.