Dos almas que se aman con una intensidad imposible de apagar, pero que, por alguna razón cruel e inquebrantable, no pueden estar juntas. Y, sin embargo, tampoco pueden hallar consuelo en otros brazos, porque sus ojos, su corazón, su propia esencia, solo pertenecen a esa única persona.Viven atrapados en un amor imposible, condenados a la insoportable tortura de saber que son el uno para el otro, pero sin poder alcanzarse. No hay olvido para ellos, solo el dolor de una ausencia perpetua, un anhelo que nunca encontrará descanso.
Cambiar fondo del poema
Dos almas errantes en la bruma del deseo,
anhelan el abrazo imposible y sincero.
Cruel destino, capricho severo,
que sus caminos distantes condenó.
Miradas que arden sin tregua ni calma,
y corazones que laten al mismo compás.
Esencias entrelazadas en un ardor tenaz,
pero un abismo se alza entre alma y alma.
El consuelo es negado en brazos ajenos,
pues sus nombres grabados están en su ser.
Amor soñado que nunca podrán tejer,
y en su pecho, el eco de lo eterno.
Condenados al deseo que todo consume,
atormentados por sombras de un amor veraz,
llevan la ausencia cual implacable coraza,
y en sus labios, solo el susurro de lo que presume.
Llanto mudo y deseo inquebrantable,
dos almas que arden y en su fuego sucumben.
Nada termina, ni el tiempo ni el amor,
solo el tormento de saber que se aman en vano.