Los sueños parecen primero imposibles, luego improbables y cuando nos comprometemos, se vuelven inevitables.
Cambiar fondo del poema
En la bruma del alma, los sueños titilan,
primero en sombras, sus luces se esconden,
imposibles parecen, imposibles brillan,
como estrellas lejanas que nunca se rompen.
Con pasos inciertos en mares de dudas,
las velas del alma al viento se entregan,
los sueños prosiguen, aunque sean mudas
las voces que dudan, pero luego navegan.
En acto valiente, un compromiso nace,
las manos se aferran a la luz deseada,
los sueños, cual ríos, su cauce no deshacen,
se tornan destino de fuerza sembrada.
Así el camino, de imposibles tejido,
desvela sus puertas al alma que late,
y el sueño, ahora cierto, se vuelve divino,
inevitable signo del alma que combate.