Después mi nacimiento en Valbuena de Pisuerga volvimos a Villasandino y con quince días de vida me bautizaron. Mi padre quería ponerme el nombre del santo que figuraba en el calendario el día 5 de noviembre, Zacarias, aunque también le gustaba el nombre de Serapio. Por aquel entonces coincidió que estaba por allí una tía soltera de mi padre, de nombre Ramona. En cuanto se enteró que mi padre me quería poner ese nombre, se enfadó mucho con él, diciéndole que como le iba a llamar a un niño Zacarías o Serapio. La cuestión es que me pusieron Jesús María, nombre éste que lo decidió la tía Ramona. Este nombre era el nombre del carcelero del que se enamoró estando presa política (fue comunista) en la cárcel de Ondarreta de San Sebastián. La verdad es que estoy muy agradecido a esta tía de mi padre por el nombre que me regaló. Quizás estaría compensando alguna acción suya que en su día me pudo perjudicar…Mi madre me contó que hasta que les hicieron la casa de Villasandino vivieron con mis bisabuelos en la casa llamada El Parador que era hospedaje de transportistas y comerciales. Uno de los días estando mi madre embarazada de pocos meses, llego un viajante y no había camas para él, así que mi tía Ramona les sacó de la cama a mis padres y les puso a dormir en un colchón en el descanso de la escalera, mientras según cuenta Teresa, Ramona se acostaba con el viajante en la cama de mis padres. Cuando se enteró de esto mi abuela María, hermana de Ramona, casi la mata… tenía miedo de que mi madre me hubiera perdido.
Cambiar fondo del poema
En Valbuena nací con el aire de Castilla,
mis primeros días de vida entre el rumor del Pisuerga,
volvimos a Villasandino, donde la historia se hilvana,
y a los quince días mi nombre fue decidido en calma.
Quiso mi padre llamarme Zacarías o Serapio,
nombres santos en el calendario de noviembre.
Pero la tía Ramona, firme y desafiante,
dijo: "Jesús María será su nombre elegante".
Nacido de un amor en prisión,
Jesús María, un nombre con pasión,
lo decidió Ramona, por su carcelero amado,
el alma libre que su corazón había capturado.
En casa de mis bisabuelos, El Parador, nos acogía,
mientras mi madre, en su vientre, mi historia tejía.
Ramona, en sus andanzas, un colchón a mis padres dejó,
un viajante en su cama, y el enfado de mi abuela despertó.
Con gratitud llevo el nombre que en mí reposa,
el legado de Ramona, en su vida tumultuosa.
Tal vez su acción, un equilibrio buscaba,
por algo que en el pasado mi vida trastocaba.