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Uno se muere y no se dan por enterados.Ocho estrofas

En el silencio, la sombra se mueve,  
cual viento que pasa sin ser visto,  
un alma que parte, sin nadie que eleve  
un canto inquebrantable, ni luto previsto.  

Las horas se escurren en fuga veloz,  
ojos se pierden en el río del olvido,  
nadie reclama su eco en veloz  
ni llama al ausente en grito sumido.  

El camino del polvo, en danza callada,  
deja huellas de pasos que nadie desvela,  
se apagan sus sueños en la enredada  
red de la memoria que apenas consuela.  

¿Por qué la tierra no llora en su seno?  
¿Por qué el cielo no derrama su duelo?  
Uno se muere, y el eco sereno  
queda suspendido en el aire sin anhelo.  

Así la vida, en su andar descuidado,  
roza las sombras de aquellos que fueron.  
Resuenan sus risas, mas no han dejado  
un rastro visible por donde estuvieron.  

Ocho estrofas llevan la historia  
de un alma perdida, sin norte ni ardir,  
ausencia que ronda, sin mar, sin victoria,  
como estrella fugaz, una chispa al partir.  

Bajo el manto que envuelve caminos  
se sueñan los sueños de un mundo íntimo,  
el río del tiempo se lleva destinos  
sin que entre nosotros se rompa el abismo.  

Cierra la puerta el reloj que despide,  
en suspiros se queda el amor silenciado.  
La muerte de uno, aún quedo, reside  
en el olvido total de un mundo ocupado.

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En el silencio, la sombra se mueve, cual viento que pasa sin ser visto, un alma que parte, sin nadie que eleve un canto inquebrantable, ni luto previsto. Las horas se escurren en fuga veloz, ojos se pierden en el río del olvido, nadie reclama su eco en veloz ni llama al ausente en grito sumido. El camino del polvo, en danza callada, deja huellas de pasos que nadie desvela, se apagan sus sueños en la enredada red de la memoria que apenas consuela. ¿Por qué la tierra no llora en su seno? ¿Por qué el cielo no derrama su duelo? Uno se muere, y el eco sereno queda suspendido en el aire sin anhelo. Así la vida, en su andar descuidado, roza las sombras de aquellos que fueron. Resuenan sus risas, mas no han dejado un rastro visible por donde estuvieron. Ocho estrofas llevan la historia de un alma perdida, sin norte ni ardir, ausencia que ronda, sin mar, sin victoria, como estrella fugaz, una chispa al partir. Bajo el manto que envuelve caminos se sueñan los sueños de un mundo íntimo, el río del tiempo se lleva destinos sin que entre nosotros se rompa el abismo. Cierra la puerta el reloj que despide, en suspiros se queda el amor silenciado. La muerte de uno, aún quedo, reside en el olvido total de un mundo ocupado.