En el rincón del norte, donde el sol se posa,mi corazón recuerda la tierra hermosa,un pequeño corregimiento, tesoro de antaño,en Chimá se encuentra el pueblo que extraño.Bajo cielos claros y vientos de mar,mi infancia floreció en su eterno lugar,donde las calles son senderos de historia,y cada esquina guarda su propia memoria.En sus campos verdes, el maíz danzaba,y el río tranquilo cantos entonaba,la paz y la armonía, compañeras del día,en este bello pueblo, mi alma vivía.Sus gentes, un reflejo de amor sincero,con sonrisas cálidas y corazón entero,cada saludo llevaba el canto del alma,en su abrazo fraternal, el mundo se calma.El sol, en su viaje, dibuja sombras largas,sobre las montañas que el horizonte carga,y en las noches serenas, las estrellas brillaban,cual faroles celestes que al cielo guardaban.La brisa del campo acaricia mi mente,con recuerdos dulces, encanto latente,en cada flor silvestre y árbol anciano,susurran los ecos de un pueblo cercano.El río y su ritmo, la vida acompasan,sus aguas reflejan mi anhelo que pasa,pues aunque lejos esté, en sueños me arrimo,al nana del pueblo que es siempre mi abrigo.Oh pueblo amado, Chimá en tu esencia,mi corazón guarda tu reminiscencia,te extraño en la calma de noches sin fin,a ti pertenezco, mi pueblo, mi jardín. |El nombre de mi bello pueblo es CAROLINA
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En el rincón del norte, donde el sol se posa,
mi corazón recuerda la tierra hermosa,
un pequeño corregimiento, tesoro de antaño,
en Carolina se encuentra el pueblo que extraño.
Bajo cielos claros y vientos de mar,
mi infancia floreció en su eterno lugar,
donde las calles son senderos de historia,
y cada esquina guarda su propia memoria.
En sus campos verdes, el maíz danzaba,
y el río tranquilo cantos entonaba,
la paz y la armonía, compañeras del día,
en este bello pueblo, mi alma vivía.
Sus gentes, un reflejo de amor sincero,
con sonrisas cálidas y corazón entero,
cada saludo llevaba el canto del alma,
en su abrazo fraternal, el mundo se calma.
El sol, en su viaje, dibuja sombras largas,
sobre las montañas que el horizonte carga,
y en las noches serenas, las estrellas brillaban,
cual faroles celestes que al cielo guardaban.
La brisa del campo acaricia mi mente,
con recuerdos dulces, encanto latente,
en cada flor silvestre y árbol anciano,
susurran los ecos de un pueblo cercano.
El río y su ritmo, la vida acompasan,
sus aguas reflejan mi anhelo que pasa,
pues aunque lejos esté, en sueños me arrimo,
al nana del pueblo que es siempre mi abrigo.
Oh pueblo amado, Carolina en tu esencia,
mi corazón guarda tu reminiscencia,
te extraño en la calma de noches sin fin,
a ti pertenezco, mi pueblo, mi jardín.