En un rincón del mundo, donde el sol sonríe, habitaban risas, sueños de papel, pequeñas almas, dulces como el día, con corazones que brillan en el atardecer. Sus ojos son espejos de un cielo inocente, reflejan estrellas en cada parpadeo, y en el suaves susurros del viento presente, cantan historias con mágico deseo. El juego es su reino, su risa, su canto, con manos pequeñas construyen castillos, sus corazones laten en un dulce encanto, persiguiendo arroces, en llanos sencillos. Corren entre flores, atrapan mariposas, sus sueños son barcos que navegan el aire, cada rayo de sol se convierte en diosa, sus esperanzas, alas que nunca se acaben. Pero al caer la noche, cuando el mundo se apaga, las almas de niños, en secuencias brillantes, siguen danzando en la luna que embriaga, susurrando secretos, sonidos vibrantes. Que el tiempo no robe su esencia sagrada, que jamás se marchiten sus risas doradas, pues en cada niño habita una mirada que guarda el universo en sus almas sosegadas.Ocho estrofas
Cambiar fondo del poema
En un rincón del mundo, donde el sol sonríe,
habitan risas, sueños de papel,
pequeñas almas, dulces como el día,
con corazones que brillan en el atardecer.
Sus ojos son espejos de un cielo inocente,
reflejan estrellas en cada parpadeo,
y en los suaves susurros del viento presente,
cantan historias con mágico deseo.
El juego es su reino, su risa, su canto,
con manos pequeñas construyen castillos,
sus corazones laten en un dulce encanto,
persiguiendo aventuras, en llanos sencillos.
Corren entre flores, atrapan mariposas,
sus sueños son barcos que navegan el aire,
cada rayo de sol se convierte en diosa,
sus esperanzas, alas que nunca se acaben.
Pero al caer la noche, cuando el mundo se apaga,
las almas de niños, en secuencias brillantes,
siguen danzando en la luna que embriaga,
susurrando secretos, sonidos vibrantes.
Que el tiempo no robe su esencia sagrada,
que jamás se marchiten sus risas doradas,
pues en cada niño habita una mirada
que guarda el universo en sus almas sosegadas.
Entre sueños y juegos, su verdad florece,
en un rincón del mundo su canto nunca cesa,
sus voces resuenan, su fe permanece,
en los corazones de la infancia, eterna promesa.
Y así en cada rincón, donde el sol aún sonríe,
viven pequeñas almas con luces de ensueño,
con manos que al futuro sublime dirigen,
tejiendo con risas el más bello empeño.