En los pasillos del Juan de Vallejo,
ecos de risas aún puedo oír,
tiempos dorados nuestros anhelos,
con sueños al viento, dispuestos a partir.
Una tarde, bajo un roble antiguo,
la historia floreció en un susurro fiel,
nos rodeaban amigos, la sombra y el trigo,
hilando memorias en un dorado papel.
El sol se ocultaba, pero no nuestros lazos,
guardando en el alma retazos de paz,
y así en el tiempo, en firmes abrazos,
se fragua el recuerdo que vuelve al pasar.