Había una vez, en tiempos lejanos,una niña llamada Agatha, entre sueños y cantos.Pequeña y natural, de pálido encanto,vestida de negro, con un saber alto. Jugaba en los parques, bajo el gran árbol,leyendo cuentos de un mundo mágico y cálido.La Bella Durmiente, su historia querida,antes de dormir, la mantenía cautiva. Sus manos curaban con amor y paciencia,pero el pueblo temió su pura esencia.La llamaron bruja, hija del averno,y su inocencia enfrentó un juicio eterno. El castigo fue cruel, la horca su destino,mas escapó Agatha por el bosque divino.En las sombras oscuras intentó ocultarse,pero el miedo del pueblo logró alcanzarle.Hoy su historia canto para recordar,la niña que soñaba antes de descansar.Un poema para ella, un dulce memorial,que duerma en paz, etérea y celestial.
Cambiar fondo del poema
Había una vez, en tiempos lejanos,
una niña llamada Agatha, entre sueños y cantos.
Pequeña y natural, de pálido encanto,
vestida de negro, con un saber alto.
Jugaba en los parques, bajo el gran árbol,
leyendo cuentos de un mundo mágico y cálido.
La Bella Durmiente, su historia querida,
antes de dormir, la mantenía cautiva.
Sus manos curaban con amor y paciencia,
pero el pueblo temió su pura esencia.
La llamaron bruja, hija del averno,
y su inocencia enfrentó un juicio eterno.
El castigo fue cruel, la horca su destino,
mas escapó Agatha por el bosque divino.
En las sombras oscuras intentó ocultarse,
pero el miedo del pueblo logró alcanzarle.
Hoy su historia canto para recordar,
la niña que soñaba antes de descansar.
Un poema para ella, un dulce memorial,
que duerma en paz, etérea y celestial.