En el reino de aromas y sabores,donde el tiempo se detiene y florece,la cocina de la abuela, un edén,de recuerdos que el alma me mece.El fogón, cual corazón ardiente,con leña que crepita y da calor,y el puchero, en danza persistente,liberando un perfume embriagador.Las tortillas, doradas y fragantes,con queso fresco y su blancura,y el chocolate, en taza humeante,que endulza el alma con ternura.El café, cual néctar matutino,con su aroma que despierta la ilusión,y el pan de yuca, tesoro divino,que en cada bocado es bendición.Las frutas, cual joyas de colores,mango, guayaba, piña y maracuyá,y los dulces, manjares de amores,que la abuela con esmero solía preparar.En cada sabor, un recuerdo latente,de risas, cuentos y sabiduría,la cocina de la abuela, fuente,de amor eterno y dulce melodíaSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
En el reino de aromas y sabores,
donde el tiempo se detiene y florece,
la cocina de la abuela, un edén,
de recuerdos que el alma me mece.
El fogón, cual corazón ardiente,
con leña que crepita y da calor,
y el puchero, en danza persistente,
liberando un perfume embriagador.
Las tortillas, doradas y fragantes,
con queso fresco y su blancura,
y el chocolate, en taza humeante,
que endulza el alma con ternura.
El café, cual néctar matutino,
con su aroma que despierta la ilusión,
y el pan de yuca, tesoro divino,
que en cada bocado es bendición.
Las frutas, cual joyas de colores,
mango, guayaba, piña y maracuyá,
y los dulces, manjares de amores,
que la abuela con esmero solía preparar.
En cada sabor, un recuerdo latente,
de risas, cuentos y sabiduría,
la cocina de la abuela, fuente,
de amor eterno y dulce melodía.