En el banco frío del anochecer,un hombre aguarda al viento callado,las sombras danzan sobre su piel,y el tiempo murmura un eco olvidado.La luna asoma, eterna vigía,prendida en ramas de un árbol viejo,su luz susurra la melancolíade historias escritas en polvo y espejo.Montañas duermen bajo el cielo,susurros de estrellas llenan el aire,y en su silueta de terciopelose pierde un alma sin despedirse.El anochecer lo envuelve en su manto,un suspiro roza su soledad,y en el silencio, suave y santo,descansa el peso de su verdad.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En el banco frío del anochecer,
un hombre espera al viento callado,
las sombras danzan sobre su piel,
profundas historias en un eco olvidado.
La luna asoma, eterna vigía,
prendida en ramas de un árbol viejo,
su luz susurra la melancolía
de sueños escritos en polvo y espejo.
Montañas duermen bajo el cielo,
las estrellas susurran en el aire,
y en su silueta de terciopelo
se pierde un alma sin despedirse.
El anochecer lo envuelve en su manto,
un suspiro acaricia su soledad,
y en el silencio, suave y santo,
descansa el peso de su verdad.
El tiempo parece un río inmenso,
que lo arrastra entre sombras dispersas,
y en la brisa siente un universo
de memorias que flotan, diversas.
Al amanecer, el viento despierta,
colma el mundo de cantos y danzas,
y el hombre, en su busca incierta,
se pierde en sueños y esperanzas.