En la cripta sombría, donde lloran los cipreses,yacen sueños rotos, cual frágiles meses.La luna, pálida dama, testigo del duelo,ilumina el sepulcro, donde no hay consuelo.Las rosas negras marchitas, símbolo del dolor,perfuman el aire denso, de un amor traidor.Las sombras se alargan, cual espectros errantes,recordando susurros, de amantes delirantes.En el altar de piedra, donde arden velas tristes,se dibuja un epitafio, con letras retorcidas."Aquí yace el amor", murmura el viento helado,"Se murió el amor", eco del pasado.Las gárgolas de piedra, con ojos de cristal,contemplan la escena, de un romance fatal.El corazón, cual relicario, guarda la pena,de un amor que se extinguió, en la noche serena.Las lágrimas de lluvia, cual perlas de cristal,resbalan por las tumbas, en un lamento ancestral.El alma, cual fantasma, vaga sin rumbo fijo,en busca de un amor, que jamás fue consigo.En el laberinto oscuro, de la mente afligida,resuenan los lamentos, de una pasión perdida.El eco de sus besos, cual suspiro lejano,se desvanece en la niebla, de un invierno insano.En el jardín de la noche, donde florecen espinas,se oculta el secreto, de almas peregrinas."Se murió el amor", susurra la oscuridad,y en el silencio eterno, no hay piedad.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
En la cripta sombría, donde lloran los cipreses,
yacen sueños rotos, cual frágiles meses.
La luna, pálida dama, testigo del duelo,
ilumina el sepulcro, donde no hay consuelo.
Las rosas negras marchitas, símbolo del dolor,
perfuman el aire denso, de un amor traidor.
Las sombras se alargan, cual espectros errantes,
recordando susurros, de amantes delirantes.
En el altar de piedra, donde arden velas tristes,
se dibuja un epitafio, con letras retorcidas.
"Aquí yace el amor", murmura el viento helado,
"Se murió el amor", eco del pasado.
Las gárgolas de piedra, con ojos de cristal,
contemplan la escena, de un romance fatal.
El corazón, cual relicario, guarda la pena,
de un amor que se extinguió, en la noche serena.
Las lágrimas de lluvia, cual perlas de cristal,
resbalan por las tumbas, en un lamento ancestral.
El alma, cual fantasma, vaga sin rumbo fijo,
en busca de un amor, que jamás fue consigo.
En el laberinto oscuro, de la mente afligida,
resuenan los lamentos, de una pasión perdida.
El eco de sus besos, cual suspiro lejano,
se desvanece en la niebla, de un invierno insano.
En el jardín de la noche, donde florecen espinas,
se oculta el secreto, de almas peregrinas.
"Se murió el amor", susurra la oscuridad,
y en el silencio eterno, no hay piedad.