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En la sombra eterna de mi oscura voz,camino en silencio sin miedo ni prisa,el tiempo se quiebra, se funde en mi hoz,y todo en la noche se torna ceniza.Más llevo en mis huesos un dulce fragor,susurros de amores que fueron promesas,entre vinos rojos y rosas sin flor,recuerdo sus labios, sus manos traviesas.¿Me temes, acaso, si vengo a danzar?No soy enemigo, soy solo el destino,te ofrezco esta rosa, te invito a brindar,por luces que arden y acaban en vino.Así es la vida, un fugaz resplandor,un beso marchito, un eco distante,un sorbo de dulce, un sorbo de horror,y un último giro en mi brazo expectante.Siete estrofas

En la sombra eterna de mi oscura voz,  
camino en silencio sin miedo ni prisa,  
el tiempo se quiebra, se funde en mi hoz,  
y todo en la noche se torna ceniza.  

Más llevo en mis huesos un dulce fragor,  
susurros de amores que fueron promesas,  
entre vinos rojos y rosas sin flor,  
recuerdo sus labios, sus manos traviesas.  

¿Me temes, acaso, si vengo a danzar?  
No soy enemigo, soy solo el destino,  
te ofrezco esta rosa, te invito a brindar,  
por luces que arden y acaban en vino.  

Así es la vida, un fugaz resplandor,  
un beso marchito, un eco distante,  
un sorbo de dulce, un sorbo de horror,  
y un último giro en mi brazo expectante.  

Danzamos al borde del sueño y el mar,  
cual sombras danzantes de un fuego latente,  
la música suave nos viene a burlar,  
dejando en el aire su tono insistente.  

Se cierran los ojos al tiempo volar,  
se abraza la noche con paso sereno,  
y entre la penumbra se vuelve a escuchar  
la risa que antaño llenaba el terreno.  

Por siempre en la sombra, en mi oscura voz,  
el eco eterno será mi morada,  
y de mis cenizas brotará el adiós,  
pues llevo en el alma la noche arrasada.

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En la sombra eterna de mi oscura voz, camino en silencio sin miedo ni prisa, el tiempo se quiebra, se funde en mi hoz, y todo en la noche se torna ceniza. Más llevo en mis huesos un dulce fragor, susurros de amores que fueron promesas, entre vinos rojos y rosas sin flor, recuerdo sus labios, sus manos traviesas. ¿Me temes, acaso, si vengo a danzar? No soy enemigo, soy solo el destino, te ofrezco esta rosa, te invito a brindar, por luces que arden y acaban en vino. Así es la vida, un fugaz resplandor, un beso marchito, un eco distante, un sorbo de dulce, un sorbo de horror, y un último giro en mi brazo expectante. Danzamos al borde del sueño y el mar, cual sombras danzantes de un fuego latente, la música suave nos viene a burlar, dejando en el aire su tono insistente. Se cierran los ojos al tiempo volar, se abraza la noche con paso sereno, y entre la penumbra se vuelve a escuchar la risa que antaño llenaba el terreno. Por siempre en la sombra, en mi oscura voz, el eco eterno será mi morada, y de mis cenizas brotará el adiós, pues llevo en el alma la noche arrasada.