En la copa del alma, un corazón de cristal,donde fluyen los sueños en rojo carmesí,vinos y rosas, dulzura inmortal,un brindis al amor que nunca ha de morir.Pétalos flotan en susurros de fuego,se funden en néctar, en dulce licor,como besos que arden, que dejan su ruego,en labios que tiemblan de puro fervor.En la brisa se queda su aroma embriagado,perfume y pasión que no tiene final,vinos y rosas, un eco encantado,un sorbo de amor en un cáliz leal.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
En la copa del alma, un corazón de cristal,
donde fluyen los sueños en rojo carmesí,
vinos y rosas, dulzura inmortal,
un brindis al amor que nunca ha de morir.
Pétalos flotan en susurros de fuego,
se funden en néctar, en dulce licor,
como besos que arden, que dejan su ruego,
en labios que tiemblan de puro fervor.
En la brisa se queda su aroma embriagado,
perfume y pasión que no tiene final,
vinos y rosas, un eco encantado,
un sorbo de amor en un cáliz leal.
En candente rubor, se entregan sin miedo,
las hojas del alma, un lienzo sutil,
pintadas con vino, de un tinto deseo,
bordadas con sueños de flor de abril.
Un crepúsculo ardiendo en un cielo de lava,
acaricia la esencia de un amor inmortal,
gotea en la sombra que nunca se apaga,
guardando susurros de un alma sin par.
Vida y pasión en un solo compás,
copa de deseo en danza sutil,
un ardor eterno en cristal fugaz,
cáliz de besos que nunca es febril.
En la copa del alma, un eco perdura,
como el vino que embriaga, como el dulce rosal,
un brindis, un pacto en eterna ternura,
promesa en cristal de un amor celestial.