En un rincón del tiempo olvidado,una rosa suspira en su ocaso,sus pétalos, besos ya deshilados,se aferran al viento, frágil abrazo.Su tallo inclina un sueño gastado,ya no hay rocío que lave su pena,y el sol indiferente, lejano y callado,es sombra que quema, caricia que drena.Mas en su mustia melancolía,guarda secretos de amores perdidos,fue roja pasión en la lejanía,y hoy es susurro de un eco vencido.No es su destino ser olvidada,pues hasta el polvo que deja su vida,se vuelve aroma, huella sagrada,memoria eterna, jamás extinguida.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En un rincón del tiempo olvidado,
una rosa suspira en su ocaso,
sus pétalos, besos ya deshilados,
se aferran al viento, frágil abrazo.
Su tallo inclina un sueño gastado,
ya no hay rocío que lave su pena,
y el sol indiferente, lejano y callado,
es sombra que quema, caricia que drena.
Mas en su mustia melancolía,
guarda secretos de amores perdidos,
fue roja pasión en la lejanía,
y hoy es susurro de un eco vencido.
No es su destino ser olvidada,
pues hasta el polvo que deja su vida,
se vuelve aroma, huella sagrada,
memoria eterna, jamás extinguida.
Perdida, su esencia nunca callada,
habita en versos y sueños sonantes,
es rosa eterna, por siempre amada,
flor que se nutre de tiempos distantes.
Así en su ocaso, en su despedida,
su fragancia es un himno callado,
revela en su danza el arte de vida,
como estrella fugaz que ha brillado.